DIVERSIDAD RACIAL
Para empezar, hay que decir que las razas como tales no existen, ya que no hay diferencias de ADN relevantes entre las personas que las justifiquen, y que lo que sí existen son los diferentes rasgos fenotípicos (color de la piel, de los ojos, del cabello, formas de la nariz, estructura ósea, estatura, etc.).
La raza tan sólo es una construcción ideológica antropológica y política en la que se ha basado la ideología del racismo, o sentimiento exacerbado del «sentido racial» de un grupo étnico, que habitualmente genera discriminación o persecución contra otros grupos étnicos, y ha sido un concepto muy utilizado para justificar, entre otros fenómenos, el imperialismo, el colonialismo y la explotación.
Pero que no existan las razas no significa que no exista el racismo, aunque hoy en día, salvo en casos extremos de sentimiento/creencia de “superioridad biológica” racial, el racismo actual está más relacionado con la xenofobia (sentimiento de rechazo, odio, repugnancia y hostilidad hacia las personas extranjeras), la aporofobia (rechazo a las personas/grupos pobres) y la discriminación por motivos de diferencias culturales y/o religiosas (como por ejemplo, la islamofobia) que con la raza en sí (No obstante, también hay que tener en cuenta que muchas personas, incluso siendo españolas de origen, son racializadas(1) y discriminadas por ello, sobre todo porque se las considera extranjeras y pobres).
(1) Dado que la raza no existe, todas las personas somos racializadas cuando se nos identifica con ser blancas, negras, asiáticas, magrebíes o gitanas, por poner algunos ejemplos, haciendo alusión a nuestros rasgos fenotípicos (y ligándolos, a menudo, a los étnicos o culturales). El problema de la racialización está en caer en el lado infravalorado de las razas, es decir en todo lo que no sea ser blanco (y, a ser posible, anglosajón).
